En Jesucristo se une lo humano y lo divino. En cuanto a hombre, su paso por la tierra tenía una misión: el anuncio del Evangelio, que no es sino la comprensión de que el Amor, la Caridad, y el Servicio a los demás son el camino de la historia y de nuestras propias vidas.
Y Cristo, que no comete delito y en todo es Amor, resulta -sin Él querer- ser ofensivo, a su mundo, a la historia y en la actualidad: pues no hay nada peor que creernos buenos, puros, perfectos, y que aparezca con sencillez y auténtica humildad alguien que vale auténticamente más que nosotros.
Cuando decimos y ostentamos obrar con bondad, y alguien lo hace infinitamente más que nosotros y de completo corazón, sólo caben dos opciones: reconocer con humildad que debemos pedir perdón por nuestra soberbia
y empezar o volver a intentar hacer las cosas con la mayor pureza nacida desde el interior, abandonándonos de verdad al Amor o... eliminar a quien con Su Vida deja en evidencia que no somos lo que creemos o aparentamos ser.
Y a Cristo le ocurrió que era mejor para su momento histórico matarlo vergonzántemente, y así eliminar quien con su Ser, Vida y Ejemplo dejaba en evidencia la falsedad de las intenciones y el corazón de sus contemporáneos. Desde entonces y hasta hoy, se le intenta matar persiguiendo a la Iglesia, e intentando una y mil veces hasta prohibir que se vea escrito su nombre o se pueda representar en público su imagen.
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jueves, 1 de abril de 2010
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